Teoría y práctica de la información Audiovisual

mayo 18, 2009

¿Cómo se puede “escribir” la historia con imágenes?

Filed under: Uncategorized — Carmen Cantillo @ 7:56 pm

Desde escenarios privilegiados se puede “escribir” la historia de un modo distinto, interpretando y construyendo la realidad. Con la Guerra del Golfo tuvimos constancia de cómo los medios podían formar parte de determinados intereses y estar a su servicio, mostrando y propagando sólo aquello que resultaba conveniente a ciertos sectores interesados en el conflicto con la intención de conformar una opinión pública favorable.

“Los periodistas tienen unos “lentes particulares” mediante los cuales ven unas cosas, y no otras, y ven de una forma determinada lo que ven. Llevan a cabo una selección y luego elaboran lo que han seleccionado” (Bourdieu, P.: Sobre la televisión, Anagrama, 1997; p.25).

Creíamos que estas situaciones no se iban a repetir (al menos tan descaradamente) pero este vídeo es un ejemplo de la imbricada relación de poder, ideología clase, identidad y política. En lo que se refiere a la determinación: capacidad de los medios para influir en los comportamientos. ¿Es clara en este video la fuerza ideológica que tiene la televisión para mantener y preservar la homogeneidad de comportamientos de las audiencias?

Nos encontramos ante un suceso real representado en un medio de comunicación de masas: la televisión. Que sea un hecho real significa que podemos cotejar la información mediática con otras fuentes (quienes lo vivieron en directo y personas de nuestro entorno real). La construcción de significado emplea además de la televisión, una modalidad de ésta: los informativos. El contexto social, político y económico de los hechos, no es tan lejano, se trata del año 2002 en España, cuando el partido político que gobernaba (había obtenido mayoría absoluta) era el Partido Popular.

Verdaderamente, todos nosotros podemos ser engañados por las imágenes que vemos, los sonidos que oímos o las frases que leemos, pero los estudiosos de los medios reconocerán también que a veces la estructura misma de un mensaje mediático contiene un marco de referencia explícito o implícito que puede ser ideológico.  Aunque hay escasa evidencia que permita insinuar que en las democracias los medios conspiran para engañar al público. Stuart Hall ha resumido este concepto con claridad y coherencia al decir que los medios trabajan para producir una suerte de unidad subyacente en su comprensión del mundo. A pesar de las discrepancias acerca de las representaciones mediáticas individuales, hay ciertas reglas básicas sociales (reserva discursiva), políticas, estéticas y discursivas que se aplican en todos los medios.  Tenemos que recordar que un enfoque de la ideología y los medios que se base en la idea de impostura o superchería requiere una teoría de la “verdad” que sea viable.

Reflexión: Los medios de comunicación de cada país suelen situarse en una determinada posición (lejos de la objetividad) desde donde re-producen una visión de la realidad para atraer al público; por tanto, ante hechos como los expuestos en el vídeo van a responder desde su posición particular. Los medios han avanzado bastante y utilizan fórmulas sofisticadas de tratamiento de los mensajes, por lo que resulta realmente complicado descubrir la verdad que se esconde.

“…resulta mucho más difícil advertir la actuación de un sistema propagandístico cuando los medios de comunicación son privados y no existe censura formal; en particular cuando tales medios compiten activamente, atacan y exponen con cierta periodicidad los errores del gobierno y de las corporaciones, y se autocalifican enérgicamente de portavoces de la libertad de expresión y de los intereses de la comunidad”  (Chomsky, N y Herman E.S. “Los guardianes de la libertad”, Grijalbo, 1990).

“En tiempos de crisis, la televisión no es solamente un medio populista de información. Es también un escenario en el que se interpretan los actos claves de la política, un escenario que utilizan los responsables gubernamentales para comunicar (a la vez) con los protagonistas y con sus electores”. (Erik Klinenberg – Estragos de la televisión interrumpida – Le Monde Diplomatique, nº 72, octubre 2001, pp. 6,7).

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